Alejandra Escribano


Biografía sentimental
1966/67, mi Córdoba natal, el Cerro de las Rosas, los baldíos, la calle Nicanor Carranza, el almacén ubicado en el living de una casa, la cocina con pisos de mosaico rojo, la mesa con un hule de colores kitsch y el instante en que Nelly (la vecina que esa tarde nos cuidaba a mi hermana y a mí) despliega un montón de hojas en blanco y barras de colores para nosotras. Con ese generoso gesto, mi adorada maga, quiebra el tedio de mis 3 o 4 años de infancia “desmagiada”; todo brilla afuera y adentro soy bisagra de mundos y plenitud ante la posibilidad de crear… otras realidades.
Gracias Nelly, por el regalo del arte y por las golosinas y canastitas de plástico llenas de chiches bazooka.
nodo 1.0 - 2018
Libros de oración
Formada por una serie de gofrados de 10 x 10 cm donde cada uno es una página que puede ser “leída” individualmente, los llamo libros porque representan una plegaria extendida, una narrativa de agradecimientos a lo largo de los años 2013 y 2014. Encuentro en el espíritu de estas obras una reminiscencia a los libros de oración tibetanos, presentados muchas veces como hojas sueltas, banderas colgadas o ruedas giratorias; también por cierta analogía en el contenido de los textos. Me apropio de algunos textos para integrarlos como texturas tipográficas cargadas de sentido que aumentan el mensaje de la imagen, superponiendo temporalidades y modos de orar; ya que la “lectura” de los gofrados es plástica, no verbal.
“No hay espinas sin rosas, no hay rosas sin espinas”
Las banderas de oración se suman como plegarias, con imágenes pertenecientes a la serie “La invisibilidad de las Rosas” (2018) y extractos de oraciones tibetanas ruegan al viento. Refieren al sinsentido del dolor sin razón, sin consuelo, al sacrificio de los inocentes en nombre de la cultura y al desatino del poder. El dolor público los abuelos golpeados sin respeto por reclamar justicia, niños e inocentes despedazados en guerras de otros. Chivos expiatorios del daño colectivo. No es posible aceptarlo, ni menos comprenderlo, queda ahí, vibrando en la piel con insistencia. La impotencia intenta exorcizar el dolor absurdo a través de un simulacro de esperanza, una mirada que aplaque, representando este ocaso de lo humano con espinas de acacia negra. Estetizar el dolor es en esta obra un propósito más que un sentido.
Alejandra Escribano
2018







