Violeta LEMME

Las fotografías que acompañan son de Alfredo Omar Mateos

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Nací en Córdoba, Argentina el 20 de junio de 1961. De joven me desempeñé como dibujante. Mientras trabajaba como diseñadora gráfica y redactora publicitaria comencé a estudiar dibujo con el Prof. Miguel Sablich en 1990 y pronto descubrí mi interés por la escultura con el Prof. Escultor Carlos Peiteado, de quien fui alumna entre 1991 y 1999. En paralelo con mi actividad publicitaria fui fabricante de muñecos, títeres y marionetas entre 1990 y 1995. Mi interés y búsqueda de técnicas tradicionales me condujo a experimentar en la fundición de diferentes metales, especialmente bronce y plata, con diferentes técnicas. Esto me permitió desempeñarme como restauradora de platería criolla, esculturas y joyas antiguas. Mi primera fundición a la cera perdida para esculturas en bronce y plata de pequeño formato la inauguro en 2003, en la ciudad de Córdoba. Desde entonces fundo mi propia obra y la de otros artistas de la región, Con los años continuo ampliando las capacidades de producción de mi taller. Desde 2009 fundo esculturas de bronce en un formato mayor. En los últimos años incursioné en las esculturas de gran formato en resina poliéster, como los Gigantes de Sonoma en los edificios Sonoma Ribera y Sonoma IV. En este momento estoy desarrollando los estudios para Oana, la giganta.
Soy profesora de esculturas en bronce y orfebrería desde 2001. Llevo realizadas hasta la fecha al menos 18 exposiciones individuales tanto en Argentina como en el exterior y he participado en más de 65 muestras colectivas.

“Trabajo con todo el cuerpo, todos los sentidos, y en ese contacto, se definen las formas y se clarifican los signos”


LEMME x Carlos Lista / "Golondrinas sin sal y lágrimas sin alas" / La manca de Lepanto que quería ser Quijote olvidando que volar es otra ilusión"

Violeta Lemme funde el metal para crear naves y barqueros leves. Sus barcas son soportes sencillos, aunque no menos seguros, impulsados por navegantes solitarios que las conducen. Serenos, pequeños y ligeros, reman erguidos en sus barcas frágiles siguiendo derroteros que quizás sólo ellos conocen, o que descubrirán en su devenir. Su determinación los agiganta y la ausencia en ellos de signos culturales y temporales los hace universales. Representaciones de la desprotección y vulnerabilidad del ser humano común, más cercanos al Siddartha de Hesse, que busca el sentido de la vida, que al sabio barquero Vasudeva, quien ya lo conoce y que ayuda a su discípulo a comprender el lenguaje de la corriente que navegan juntos, la vida misma. Los navegantes de Violeta, poéticos en su forma y en sus gestos, siguen itinerarios que evocan los desplazamientos por el mundo y el tránsito personal por mares interiores, no exentos de vicisitudes y peligros.
En sus seres coronados con alas y en sus lágrimas, la artista transmuta la solidez del metal y de la piedra en formas y conceptos que aluden a lo etéreo, al movimiento, al ritmo. Remates de alas ¿golondrinas?, ¿gaviotas?, ¿mantarrayas?, ¿seres del aire y del agua prontos a surcar el espacio y borrar el límite entre ambos?
Lágrimas como gotas que encierran pequeños mares, surgidos de las profundidades del dolor o la alegría, recipientes de universos personales que desahogados descienden para evaporarse y reiniciar el ciclo permanente del agua y de la vida.

Carlos Lista, Febrero 2017

Violeta x Juan Pablo Gallardo

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