nodo 0.8 / 2018
Del 15 de marzo de 2018 - cierra en mayo 2018
Ancestrales
El concepto del Arte surgió en Europa en el renacimiento reclamando la autonomía de lo humano frente a lo sagrado, es decir, desacralizando la expresión artística. Allí la estética se fundó en la belleza idealizada y no en una reflexión profunda sobre la naturaleza misma del arte, que no siempre gira en torno a lo bello y lo sublime. Esta concepción dejó al margen las prácticas artísticas de otras culturas en donde la concepción de lo artístico era otra.
Dentro de los procesos de colonialismo ocurridos en América Latina encontramos que las primeras creaciones artísticas realizadas tienen su basamento en la historia del arte europeo, que luego siguieron las tendencias de moda de Occidente y Norteamérica. Por tal motivo se produjo un vaciamiento en el pensamiento visual autónomo latinoamericano que no permitió que las creaciones artísticas se nutran o renueven en sus raíces originarias, o que puedan expresar y sintetizar su cultura.
Se puede decir que dado a los cambios socio históricos y culturales en estas últimas décadas la problemática poco a poco se diluye abriendo el camino para que más artistas se vinculen con lo originario.
En este tercer año de Nodo940, en los pisos 1 y 2, les acercamos creaciones de artistas que de una u otra manera nutren al pensamiento visual latinoamericano y dan cuenta de una apropiación cultural en defensa de una cosmovisión nativa, revalorizando así técnicas artesanales y ancestrales, estéticas, simbólicas y materiales efímeros.
Licenciada Vanina Seguí. Gestora cultural
Lucera 0.8
Ramiro González Etchagüe interviene con una obra volumétrica de sitio especifico el espacio "lucera". El artista nos propone un recorrido sensorial a través de la linea y del volumen como herramienta narrativa, de este modo manifiesta un universo poético que se expande amenazando los propios límites estructurales y arquitectónicos del espacio.
Figuras barrocas y miméticas se van entralazando y aglomerando de un modo rítmico, al mismo tiempo en que la translucidez , el color y la luminosidad de los cuerpos, van tejiendo un orbe plasmado de una estética pulcra en la que los espacios vacíos funcionan como subuniversos complejos, y donde la poética estética funciona como disparador para descodificar por medio del lenguaje visual un sin fin de interpretaciones sensoriales.
Claudio Cassia, curador Lucera.Febrero 2018
Editorial
Nos complace presentar el segundo numero de “Arte en revista”, la publicación digital de nuestro espacio de arte Nodo940. El tema que nos convoca es el arte desde sus diferentes miradas y sobre todo desde su modo de construirse. Ecléctica es la palabra que ha definido a nuestro espacio, ampliado en palabras con esta publicación, desde sus inicios en el año 2016.
Sin embargo no es una definición de lo que transita por la galería, simplemente es un calificativo que da cuenta de uno de sus aspectos. Tanto en nuestras actividades como en nuestras publicaciones digitales tratamos de dar cuenta de un constructo, de visualizar como un rizoma las relaciones que se dan entre los aspectos y los protagonistas de la escena del arte local.
En esta edición ponemos de manifiesto esa idea, nos encontraremos con un texto de Gerardo García como columnista invitado sobre la obra de Leonardo Kilstein y desde ese nodo significativo de lo que es el arte en Córdoba nos moveremos por proyectos contemporáneos y propuestas que rescatan lo más ancestral de nuestra caldera cultural.
Una visión planteada en este número es la visión de la investigación y de los pensamientos de nuestros artistas, sus producciones de diversa índole se vuelcan en palabras e imágenes. Ramiro Décima se incorpora a nuestras publicaciones con sus “TXt” que iremos entregando número a número y Tatiana Prunesti nos acerca la investigación previa sobre su obra.
Es verdad, no somos una galería convencional, ni esta publicación lo es ni lo pretende. El arte es el nodo que nos convoca y a partir de allí construimos.
Gabriela Barrionuevo
Directora de nodo940 Galería de arte y de Arte en revista.
Leonardo Kilstein, la precariedad del tiempo
Por Gerardo Máximo García
De antecedencias y vacíos
Suele decirse que salvo en las orquídeas, que son hijas del aire, la raíz es siempre subterránea. Leonardo es una suerte de excepción a este aserto. Si bien se reconocía en la tradición de Libero Badii: “toma el material que te venga a las manos y hace, hace…”, el libro del maestro constituía para él un otro objeto que portando en sus manos regalaba a sus amigos por un tiempo determinado. Luego lo pedía en préstamo y reiteraba la operación siendo otro el destinatario: mostraba su raíz, pero sostenida en el aire, como si fuera una sustancia ahuecada, una materia de desplazamiento que redoblara los circuitos que elegía para alguna de sus obras.
Acompañamos el texto con relación a Leonardo con las imágenes de algunas de sus obras, muchas de ellas albergadas en el Museo Caraffa en el año 2011 en la muestra realizada en su homenaje. Sin embargo no presentamos una imagen de El Vuelo, preferimos el ejercicio melancólico de recurrir a las palabras para intentar captar el furtivo registro de la ausencia.
Gerardo García



Leonardo Kilstein, la precariedad del tiempo
Cuando se propone un homenaje a Leonardo Kilstein, las adhesiones son inmediatas. Quienes lo frecuentaron recuerdan la nobleza de su condición, la extrañeza de su temperamento, como si se tratara de un comediante extraído de algún texto literario. Los que no lo conocieron se interesan por la caracterización del personaje mezcla de lord inglés y ropavejero, se preguntan por su linaje ligado a una cierta atopia socrática en nuestros tiempos.
Ahora, cuando se intenta realizar una muestra que acompañe ese homenaje, las cosas se tornan complicadas. Seguir la huella de su producción, más allá de aquellas composiciones que residen en los museos, implica rastrear los circuitos que Leonardo establecía respecto al destino de sus obras, sus preferencias, sus intuiciones, sus caprichos.
Una vez que damos con ellas, si no estamos prevenidos, nos afecta inicialmente cierta sorpresa, cierta desazón. Muchas de sus obras se encuentran deterioradas, el duro metal oxidado, el papel evidenciando su fatiga, la delicada madera envejecida. Pero tenemos que dejar de lado los juicios apresurados, no se trata de desidia, sino de una desatención estructural implícita en la obra misma.
Lo podemos constatar cuando transportamos sus objetos al museo. Los acarreamos como a esos niños a quienes les lavamos la cara y los peinamos para que estén presentables y nos acompañan de mala gana al colegio. Una vez en el recinto sienten cierta incomodidad con la solemnidad del emplazamiento y estamos seguros que por las noches se cambian de lugar conspirando contra nosotros y también contra ellos mismos.
Ese movimiento de conjuración nos parece esencial. Leonardo sabía o al menos lo intuía, que la muerte es la larga sombra de la vida proyectada sobre el suelo. Sus manos habitualmente se alargaban hacia el piso, la vereda, el adoquinado y recogían el material que estaba buscando, un alambre, un trozo de madera, un candado ya inútil, un cartón desechado. Los materiales lo imantaban, no se resignaba a que lo noble estuviera diseminado por el suelo.
Martillar, aplanar, palpar las resistencias diferentes, atar, unir. La intransigencia, la ilimitada perseverancia de transformar la escoria en esa fecundidad que meditaba, no antes, sino en el contacto mismo con los elementos. El arte tenía para Leonardo esa condición primera, inicial, del teatro de marionetas que con solo mover y tensar los hilos la vida se anima en un instante. La habilidad manual de Leonardo era infinita, más allá de que sus elementos a veces se negaban a prestarle servicio, se rebelaban ante el intento de dar vida a lo ya inerte.
Considero que cuando nos acercamos a una obra de Leonardo no hay que reparar demasiado en la técnica, en su consumado oficio. El arte auténtico va más allá de la destreza: expresar una verdad estética conlleva captar realidades fugitivas, internarse a un tema necesario a nuestra existencia. Lo transitorio, lo efímero, lo que caduca hace que cada obra de Leonardo se nos presente como una víscera sucia palpitando en la barranca de los tiempos.
En los últimos años de su vida, quizás por tropiezo, pateó el biombo que separa lo vivo de lo muerto. De ese período recuerdo una obra a la que tengo particular aprecio y de la que supongo que a causa de su derrotero puede estar expuesta al dominio de la ausencia. Es pequeña, de una síntesis perfecta, realizada con metal opaco del cual Leonardo supo encontrar sus destellos. La llamó El Vuelo. Es el nombre con el que trató de captar la efímera, difusa, sustancia de los sueños. Quizás ese fuera su mayor anhelo.
Gerardo Máximo García
Psicoanálisis, arte, malestar en la cultura
Noticias de ayer
En el año 2005, la Escuela Freudiana Córdoba, organizó el tercer concurso de esculturas proponiendo como eje temático El Vuelo en homenaje a Leonardo Kilstein. Leonardo no sólo había participado en las dos ediciones anteriores sino que había colaborado con entusiasmo para que los eventos pudieran llevarse a cabo riéndose un poco con nuestra inexperiencia. No fue el único, la deuda de la Escuela con los artistas de Córdoba es grande porque nos aportaron sugerencias, promovieron la participación, intervinieron como jurados. No me es posible nombrar a todos los que colaboraron pero no puedo dejar de agradecer a Miguel Sahade, María Teresa Belloni y Juan Canavesi. Sin su acompañamiento no se hubieran podido realizar los concursos y cuando miramos hacia atrás nos sorprendemos gratamente de la solidaridad y la alegría en los que estuvieron enmarcados.
Leonardo había presentado en el primero de ellos cuya temática estaba referida al sueño, una pequeña obra que tituló justamente El vuelo y como su muerte aconteció en el 2004 motivó que al año siguiente el concurso fuera convocado con ese nombre. María Pietri, obtuvo una mención especial del jurado con dos delicados y conmovedores objetos que tituló Las Vestiduras de Ícaro. Más allá de la belleza de las obras, lo inquietante es que una de ellas estaba destinada a que fuera quemada para redoblar la condición efímera y homenajear así a Leonardo, su singular trazado en la vida, su aspiración a lo imposible. El destino de Ícaro en su ascenso hacia aquello que al imantarlo lo confundiría con el fuego estaba ya presente en el título de las obras pero nos costaba llevar a cabo ese acto. Los objetos permanecieron en la sede de la Escuela durante años y cuando este emplazamiento cerró, los objetos recalaron en mi casa, más precisamente en mi escritorio. Dos vestimentas cargadas de sensibilidad, cada una en la intimidad de su percha me observaban mientras leía o trabajaba en mi notebook y no dejaban de recordarme que había un acto pendiente. María no especificó cuál de las dos obras estaría destinada al fuego y cuál permanecería. Si lo hubiera dicho, la determinación habría sido quizá más fácil o quizá lo hizo y yo lo he olvidado; como lo señala Roberto Bolaño la memoria es incierta y aunque la pisada deje huella, nada que ver con el hombre o con la sombra que una vez pasó. La decisión la tomó la caducidad, la ocasión fue el primero de enero de este 2018.
Gerardo García




TXt # 1 de Ramiro Décima
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