nodo 0.7 / 2017
Del 23 de noviembre de 2017 a febrero 2018
ARTISTAS PARTICIPANTES
--> Cecilia Luque | Náufragos
--> Martín Vassallo | En el Bosque
--> Julieta Gulle | Óxido
--> Germán Mercol Echeverría
--> Carolina Britos | Cartas al cielo
--> Adrián Marcucci
nodo 0.7 / VERANO /

Trazos
Dibujar es pensar. Esta premisa que se mantiene a lo largo de nuestra historia humana desde el periodo gravítense o quizás más lejos en el tiempo aun, no pierde su vigencia en la contemporaneidad. En este nodo 07 se entrecruzan los elementos del dibujo y del grabado dando cuenta del trazo, el texto, el punto, la línea, la materialidad de las matrices y soportes, el papel, el alambre, pero sobretodo la intencionalidad concreta de “disegnare” y llevar ese “disegno” al plano de obra acabada.
En su Tratado de la Pintura Leonardo Da Vinci dice sobre el dibujo: “al arte del dibujo se le puede llamar con propiedad, madre de todas las artes y ciencias, y por medio de gratas semejanzas nos hace de alguna manera creer que vemos lo que en realidad no vemos.”
Hoy nos encontramos a una distancia bastante considerable del momento en que Leonardo escribiera estas palabras y podemos comprobar cómo el dibujo ha mutado y se ha vuelto en sí mismo una entidad propia, ya despegada de la idea de apoyatura a otros campos.
Julieta dibuja con alambre, óxido y hierro, se describe a sí misma en el aire con elementos y objetos encontrados de manera etérea y caprichosa. Germán usa el color y las puntadas de la máquina de coser de su abuelo para dibujar un abrazo, abraza a un hermano, su hermano. Cecilia dibuja lazos con el otro (los disegna), planifica una acción que otros terminarán de construir, un intercambio, un dar y recibir circular y permanente que invita a ser parte, a buscarse en los demás. Martín genera en la estampa una trama boscosa que intenta atraparnos y a la vez indica un recorrido, un tumulto de ramas que se diversifican y contienen. Carolina apuesta desde el grabado a la sutileza del grano fotográfico que no es más que un punto y reordena la composición y deja al volumen del gofrado las otras lecturas que pudieran surgir. Adrián se concentra en los elementos básicos del dibujo desentramando un mundo infinito y complejo en donde la línea reina y se hace cómplice de la imaginación impulsada.
Terminaré citando a Juan José Gómez Molina y a su equipo de trabajo en “Las Lecciones de Dibujo”:
“Gran parte de la magia del dibujo, reside en su inherente naturaleza subjetiva; pues los trazos proporcionan semejanzas con la experiencia”.
En esta oportunidad sumamos y seguimos creciendo, además de la propuesta en sala, lanzamos la revista digital Nodo 940 arte en revista, cerrando así el segundo año de trabajo continuo en Nodo940. Una gestión mancomunada en compañía de muchas personas que apostaron a un proyecto diferente en el circuito privado del arte de Córdoba. Gabriela Barrionuevo en diciembre del 2015 invita a Vanina Seguí y a Claudio Cassia a formar parte del equipo de gestión y de esta manera la galería se impulsa en la escena creando lazos entre artistas y público.
Agradecemos a los artistas que hacen posible nuestras ideas, al público que nos acompaña en cada presentación que aumenta nuestras ganas de seguir, y a los pasantes de la Universidad Provincial de Córdoba que con tanto esmero ayudan a nuestra idea principal de seguir generando redes.
Para esta exposición invitamos a tres artistas, Cecilia Luque compartiendo las acciones de Náufragos y sus mensajes; Carolina Britos con grabados, gofrados y su árbol de familia; y Julieta Gulle con la curaduría de Claudio Cassia, realiza una intervención con metales en Lucera. Estos artistas a su vez convocan respectivamente a Martín Vassallo con xilografías y gofrados, a Adrián Marcucci y Germán Mercol Echeverría con dibujos en técnicas mixtas.
¡Muchas gracias por seguir compartiendo!
“Óxido”
Óxido es una instalación de sitio especifico, donde la artista Julieta Gulle nos invita a transitar un paisaje de acumulación en que el “objeto” y su proceso natural de desgaste son la matriz y configuración de un pensamiento acerca del todo.
Óxido nos adentra no sólo en los modos de gestar lo temporal sino también en los movimientos a través de los cuales poder des-ocultarlo. Oxido es vida y muerte, es resurrección, duda y alquimia. Julieta es oxido y oxido es en Julieta. Todo se aglomera y se acumula, todo dialoga en una interrumpida danza de disgregación donde el tiempo marca el tiempo.
Por otro lado, una serie de trazos van conformando una caligrafía singular; líneas que se van torciendo y plegando sobre sí mismas en una escritura que solo conserva lo gráfico y lo estilístico. Son tanto fragmentos que no alcanzan a representar palabras como palabras que representan fragmentos. Signos que arman una escena, construyen un objeto que apenas podemos vislumbrar al mismo tiempo que invaden el espacio de un modo fecundo donde los personajes están inmersos. Lo especular del objeto que fue útil y su centralidad imaginaria son atravesados por la caligrafía como un registro del pensamiento del artista que lo ubica en un tiempo y en un espacio. El gesto que la hace visible se consuma en el mismo acto que la produce. No hay un antes o un después, solo quedan sus indicios en una voluntad de forma que permanece en el límite de lo reconocible, lo que alguna vez fue una bicicleta, un resorte, una puerta o un fragmento de hierro de algo útil hoy son oxido, solo una masa, ¿es solo una masa? o es respuesta. Julieta pregunta, duda, teme, confía, aprende, acumula y despoja. Julieta es humana.
Claudio Cassia, Curador, Noviembre 2017
Entrevistas
montaje LUCERA - OXIDO



















montaje


















Bienal de arte de Venecia 2017- A propósito del problema de un caballo por Carlos Lista
El envío argentino a la 57ª Bienal de Arte de Venecia de 2017, una instalación de sitio específico de Claudia Fontes (Buenos Aires, 1964), muestra un instante congelado en el que un gran caballo erguido sobre sus patas traseras domina la escena. Una joven parada frente a él apoya su agigantada mano derecha sobre el hocico, mientras que con la izquierda se tapa los ojos. Con ese gesto parece detener o apaciguar al animal. Ubicado más adelante, un muchacho agachado mira (¿examina?) una de las 400 piezas que representan rocas esparcidas sobre el piso o suspendidas en torno a las figuras.
La obra es de gran impacto visual, al menos, por tres aspectos combinados: el tamaño del caballo, el color blanco del conjunto (apenas interrumpido por los ojos celestes del animal) y la textura lisa y uniforme de las tres figuras. Los visitantes a la muestra se detienen frente al conjunto; la cabeza cercana del caballo es el foco de atención de la mayoría: toman fotos e incontables selfies o posan frente a las figuras. La ubicación de la instalación en un área de mucha circulación, la ausencia de vallas, advertencias, censores y/o personal de sala facilitan el acercamiento a ella y permiten el contacto físico. "El problema del caballo" –denominación que la artista dio a su creación- es palpable.

La arquitectura de la sala asignada a Argentina en el Arsenale condiciona fuertemente la composición de la instalación, que en gran parte se encuentra enmarcada por una doble fila de columnas. El espacio, combinado con la dimensión de la figura del caballo, hace que la obra aparezca comprimida, lo cual aumenta la percepción de la escala monumental de la figura animal. La vuelve colosal.
Un dato no menor es la iluminación. El espacio, que opera a modo de pasillo, tiene cuatro entradas vidriadas (tres se abren hacia el exterior) con siete ventanas de gran tamaño y ausencia de cortinas o alguna otra forma de veladura. En momentos de mucha luminosidad esto hace que las superficies de las figuras se aplanen. Es recomendable visitar “El problema del caballo” cuando la intensidad lumínica de Venecia disminuye y hace posible apreciar los volúmenes generados por las luces y las sombras.
Consideración aparte merece la fundamentación curatorial de Andrés Duprat, miembro del jurado de selección del envío a Venecia y actual director del MNBA y la que ofrece la propia artista, la cual ha sido extensamente reproducida por la prensa especializada nacional. En mi opinión, la obra está sobre-fundamentada y peca de excesos interpretativos con tendencia a la intelectualización innecesaria. La ausencia de catálogos en el espacio de exhibición, al menos durante las tres oportunidades en que visité la puesta, no es justificable. Embalajes vacíos que generan situaciones incómodas. De no tratarse de la representación de mi país estas serían risibles. Visitantes abriendo cajas y mostrando su decepción, como fue mi caso.
El texto curatorial en italiano e inglés poco ayuda (otros países agregan una versión en el idioma propio). Resulta críptico y es difícil vincularlo con la obra y lo que ella estaría representando. Una visitante, manifiestamente molesta por las idas y venidas de su compañera entre el texto curatorial y la instalación, en aparente búsqueda interpretativa, expresa imperativamente con marcado acento británico “Es lo que es, detengámonos a mirarla”. Otro día, una joven italiana, que discute acaloradamente con sus acompañantes sobre el significado de lo que observa, concluye relajadamente “La interpretación es libre, es propia, es nuestra”. Es obvio que ambas tienen razón, “El problema del caballo” vale por sí misma, más allá de su nombre y su explicación.


Desde mi punto de vista, el concepto y la fundamentación que da la artista, reproducida por la prensa nacional hasta el cansancio y reiterada por el texto curatorial, generan más dudas y perplejidad que claridad y exceden lo que la instalación representa en su materialidad, o mejor dicho, marchan por caminos diferentes. En el observador, la convergencia entre texto y obra impone un desafío, un ejercicio con muchos escollos. Es más placentero y productivo renunciar al esfuerzo intelectual y abandonarse a la experiencia estética personal. Como decían las pragmáticas visitantes, la obra es lo que es y la interpretación es libre. Tanto en este caso como en otros.
La estética, la técnica utilizada y el material (resina con polvo de mármol) favorecen las interpretaciones poéticas del trabajo de la artista, más que su asociación con grandes relatos épico-críticos sobre el fundamento de nuestra nación, sobre las consecuencias de la modernidad o la simbología atribuible al edificio que alberga la instalación.
Si bien el desequilibrio entre el tamaño y la potencia del caballo y la joven mujer es manifiesto, me resulta difícil percibir el sentido de paradoja, espanto, tragedia y crisis de los que hablan o escriben el curador, la artista y los periodistas. En la escena representada, el movimiento se congela y la estética toma o se aproxima a imágenes de un cuento ilustrado para adolescentes. Quizás por ello, me pregunto sobre los posibles instantes que preceden y suceden a la escena que observo y en el intento de dar sentido a la obra, me interrogo sobre la narrativa de las “hojas” de ese libro que imagino y del cual la instalación parece formar parte. A pesar de sus dimensiones, el trabajo de Fontes me resulta más intimista que alegórico, épico-histórico o crítico.
La instalación se divide en dos escenas que el observador puede o no relacionar. La escasa atención que parece despertar la figura del muchacho arrodillado, ubicado en un espacio anterior, en plano bajo ¿se ajusta al significado que la artista ha querido dar a la instalación en su conjunto? Una pared blanca acompaña a esta parte, lo cual refuerza su separación de la escena central, en la que el foco de atención está puesto en la relación de la joven y el caballo.
La impronta de la tecnología digital es manifiesta, no hay trazos que revelen la acción física de la artista sobre el material. Sumado a la ausencia de color y de variación de texturas esto hace que la obra se aleje del realismo. Me surgen otros interrogantes: ¿qué significa que la única mirada visible sea la de los ojos celestes del caballo?, ¿por qué la joven se cubre los ojos?, ¿qué evita ver?, ¿por qué su mano derecha se agiganta?, ¿de qué manera todo esto se integra al significado del conjunto? Las respuestas quedan libradas a la sensibilidad y capacidad interpretativa de cada visitante.
Una idea se me impone. El carácter argentino de la creación de Fontes aparece en su título y su fundamentación. Es muy argentino comenzar una frase con un problema, como también lo es sobre-abundar en teorizaciones y elucubraciones intelectuales que alejan la interpretación de su referente empírico, en este caso una pieza de arte.
Deseo compartir siete recomendaciones con quienes tengan oportunidad de ir a la Bienal de Arte de Venecia 2017 (cierra el 26 de noviembre) y ver “El problema del caballo”. Primero, no leer antes los comentarios de prensa, ni el texto curatorial (si se desea, hacerlo después para compararlos con la experiencia propia); segundo, acercarse a la obra sin prejuicios (o al menos ponerlos en suspenso); tercero, plantarse frente a ella como lo hace la joven frente al caballo y dejarse impresionar; cuarto, confiar en la propia sensibilidad y percepción; quinto, permitirse vivir una experiencia estética personal; sexto, irse y volver más tarde u otro día, para cotejar nuestras reacciones (no temer el cambio de opinión); séptimo, extender la mano y tocar el caballo, se puede.
Si tiene tiempo suficiente, repetir la experiencia en otros espacios de la Bienal, excepto el último punto. Pueden llamarle la atención de mala manera.
Carlos Lista
Venecia, 21 de julio de 2017
Trazos y recorridos por Débora Gomez Archietti / experiencia pasantes /

“Nodo940”…Las preguntas que flotan en el aire podrían resumirse en ¿Qué condensan esas palabras escritas en un nombre? ¿Qué se encuentra al subir por las escaleras? A lo que me responderé qué, si uno busca encontrar algo hay una demanda, hay un deseo en movimiento, probablemente haya un lugar de encuentro.
Compleja la tarea de escribir, ¿Cómo condensar en pocas líneas, un año de este recorrido? miles de momentos vividos, instantes, el instante, como el accidente baconiano qué, como un rizoma, abre múltiples líneas de sentido.
Si hablamos de descubrimiento, particularmente puedo decir que me encontré con varios decires en circulación, el de Gaby, Vani, Claudio, el de los otros pasantes, los artistas, coleccionistas, el público y demás. Diferentes rostros, voces, gestos, modos. Diversos enigmas.
¿Qué es lo que pasa ese que pasa? Transitar por un espacio, por un segmento, por las bambalinas, por la galería. Encontrar-me entre, rodeada, inundada, sumergida en el arte.
Desde mi óptica, el lugar de asistente de producción esta imbuido de múltiples funciones, una se aventura a la intemperie de la no certeza y las va descubriendo día a día, en el hacer, en el recorrido. La ritualización de algunas prácticas cotidianas, que dan cuenta de la aprehensión de un espacio, de una noción de grupalidad, el entramado que se gesta en cada montaje, en la preparación para la inauguración, así como en los silencios entre cada estación.
Conocer el detrás de escena, la trastienda de cada obra, de cada proyecto. Cual es el sentido que subyace a cada manifestación. Adentrarse en el proceso, charlar con el artista y saber que eso que se ve no es lo que es, sino que es una amalgama de ideas, sentimientos; un decir no dicho, un decir distinto, el entredicho entre la palabra mediatizada por la imagen. Que, detrás de la ingenuidad de la primera vista, se esconden diversas cuestiones ligadas a una singularidad que solo pide ser mirada.
Conocer el taller, el hacer, el escribir, el proyectar. Mirar las manos que construyen arte e intentar conocer una pequeña porción de sus pensamientos, leer las anotaciones diarias en bitácora de viaje para llegar a destino.
Inaugurar un Nodo, una construcción colectiva una cadena asociativa de artistas e ideas, de formas, relieves, bordes, que se interconectan, y van entretejiendo nuevos sentidos, nuevas interpretaciones que interpelan al espectador. Un espectador involucrado, sorprendido, reflexivo, activo; que en gran cantidad de ocasiones desconoce la motivación que suscita una obra, siendo esto muchas veces el mejor camino posible para aproximarse a ella, esta ingenuidad nos acerca a lo aurático de la misma, a ese aquí y ahora único e irreproducible.
Estas, y otras cosas, fueron en las que se detuvo mi mirada a lo largo de un año de recorrido en “Nodo940”. Cuatro estaciones cargadas de emociones gratificantes, risas multiplicadas, trabajo en equipo, mucho aprendizaje y lazos construidos. Solo agradecer y aguardar la lluvia de verano en un nuevo Nodo.
Deborah Gomez Archetti.
Proyecto NÁUFRAGOS de Cecilia Luque

La muestra “mares para contemplar” trajo muchos mensajes,
para muchos….
Haciendo memoria en el tiempo, todo comienza en noviembre de 2013,…y todo lo ponían en común…era la leyenda que acompañó la propuesta ese año. Poner en común lo que somos, lo que pensamos, lo que sentimos y porque no lo que esperamos. Dejar una huella para así tejer un lugar común, que varía en sus dimensiones de sentidos, físicas, y espirituales, donde todos somos uno. En este encuentro de multiplicidades se pensó la propuesta. Esta obra la construyó el espectador-actor en el año 2013, dentro de la exposición del colectivo artístico PROTEGJER, donde los elementos que estaban en las diferentes salas fueron simples disparadores y mediadores para que el espectador-actor accione, teja y construya. En sala 6, una plataforma a modo de apacheta, y una fuente con sellos, donde el espectador/actor, fue dejando huellas; multiplicidad de mensajes, señalamientos, que fueron armando y construyendo este tejido de R-una. En el transcurso de los días la obra se fue transformando, mutando, cambiando y combinando en la lectura de los mensajes, (a modo de cadáver exquisito), una impresión sobre otra, con otra/s, una huella sobre otra, con otra/s, una impronta sobre otra, con otra/s, en fin…un latir con otros.
En mayo de 2016, esa multiplicidad de huellas se unen a través de un hilvanar continuo, en un solo mar: “Mar de muchos”. 36 parcelas de 1,00 x 0,50 ms., donde conviven los 3000 mensajes, aproximadamente, impresos sobre papel. Un tejido simple y a la vez complejo, cargado se sentidos, en la pluralidad y la unicidad de los muchos que dejaron una huella en aquella “Apacheta”, R-una, desde el anonimato, en noviembre/diciembre de 2013.
Hoy este mar trae mensajes, de vida, con una mirada renovadora de la vida, esperanzadora, quizás, sobre esta cultura compleja en su incapacidad de sumar puntos de vista o visiones diferentes para poder complementar y de esta manera construir un tejido sin fisuras, solido y común a todos. En palabras de Bourriaud: “El arte es un estado de encuentro”.
“En las dos últimas décadas, el proyecto estético-en vez de una obra de arte- se ha posesionado, sin duda, en el centro de la atención del mundo del arte. Cada proyecto estético puede presuponer la formulación de un objetivo específico y de una estrategia diseñada para alcanzarlo, pero en general se desconoce el criterio que nos permite afirmar si el objetivo del proyecto se ha alcanzado, si se necesitó un tiempo excesivo para alcanzarlo o incluso si el objetivo es por definición inalcanzable. Nuestra atención, por lo tanto, se desliza desde la producción de una obra (entre ellas la obra de arte) hacia la vida en el proyecto estético, una vida que no es fundamentalmente un proceso productivo, que no está diseñada para el desarrollo de un producto, que no está orientada hacia la producción de resultados. Bajo estos términos, el arte ya no se entiende como la producción de obras de arte sino como la documentación de una “vida-como-proyecto”, más allá de sus resultados. Esto tiene, claramente, un efecto en el modo en que hoy se define el arte, ya que el arte ya no se manifiesta como un nuevo objeto de contemplación producido por el artista, sino como el heterogéneo marco temporal del proyecto estético que es documentado como tal”. Boris Groys, “Volverse público”, Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea, Pág. 76-77
En este sentido como lo expresa Groys, la vida como proyecto y viceversa, la documentación a cerca de la producción que el artista va generando, abriendo al juego en la observación, primeramente sobre esa producción, hasta finalmente concluir en ese encuentro interactivo con el espectador/actor/espectador.
En el transcurso de estos meses, la gente, sin saber mucho para que fuera, sin preguntar demasiado, adhirió y se sumó a la recolección de lo que sería el soporte fundamental de esta nueva propuesta: 1100 corchos. Simplemente sentirse parte de un todo, de colaborar con la propuesta misteriosa de otro…..sumarse. Buscó el encuentro, simplemente con la colaboración, poco visible de una propuesta. *
En estas circunstancias el corcho es el protector de estos mensajes, sus características físicas y naturales garantizan que lleguen hasta la otra orilla.
(*Esta acción de recolectar, tiene continuidad con la acción de recolección propia del material corcho, actividad manual, técnica dura y laboriosa. El corcho parece ser fruto de la evolución de la especie para la protección contra el fuego, frecuente en ese clima de veranos tan secos.)
*******
