Matias Factorovich

Nací en Alta Gracia(Córdoba) el 7 de Febrero de 1976.
En 1992 realicé la primer muestra objetos en Casa de la Cultura(Alta Gracia) y solicité la patria potestad para poder viajar solo a Sudáfrica.
En 1998 participé de una muestra multimedia en la ciudad de Córdoba con una performance y realice trabajos con Marcello Mercado.
En ese año regresé a África donde permanecí durante varios meses en una tribu en Swaziland como el primer blanco que entraba a su comunidad.
En 1999 me fui a vivir a Madrid donde realicé varias muestras individuales de pintura.
En el año 2000 expongo en Córdoba y Buenos Aires en varias galerías.
En 2001 fui invitado a mostrar en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires.
Hasta el 2014 expongo en Buenos Aires en galerías como Renoir, Feria Arteclásica, Crimson, premio Arte Dante Alighieri, etc. sin dejar de exponer en Córdoba, como una muestra de fotografía en la Casona Municipal y otras.
Mientras tanto en el 2006 fui seleccionado para publicar las poesías por la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.
En el 2018 fui invitado a una residencia de arte en Barcelona, donde estuve 6 meses con exposiciones de pintura y dibujo en Galería Kaoni y Galería Bencini, como también fui parte de una colectiva de artistas en resistencia en espacio Fort Pienc del ayuntamiento y gané una beca de producción de la Fundación Valparaíso en Almería(España).
Los brujos
Cristian Tula recurre constantemente a la antropología de los juegos infantiles, esos lugares "al borde de" que tanto nos incomodan. En un desprejuicio por las buenas artes de manera consciente y sostenida nos acorrala con sus bebotes terribles, sus ositos descarnados y una petit semblanza a lo pop qué puede sacar una sonrisa a quienes poseemos un humor más oscuro.Con impactantes instalaciones nos acerca al kitsch para revisar alguno de los grandes temas que son icónicos en su producción.La muerte, las infancias corrompidas, la belleza engañosa de las imágenes religiosas ejemplificadoras... Nos toma de la mano (divertido) para pasearnos en un mundo desbordado de obscenidades y ahí nos deja, entre peluches y tripas, para que sepamos lo que se siente estar del lado siniestro de las cosas.
Matías Factorovich sabe construir de lo cotidiano un ritual (un poco a la idea de Goffman). Él busca desesperadamente sostener lo sagrado en cada minuto de los largos días, con esa misma convicción distribuye escenas en pequeñas dosis ya sea en pinturas o dibujos, las escenas que despliega parecen estar fuera de esta línea de tiempo. Matías se aferra a lenguajes tribales mal entendidos como primitivos y como un Robinsón Crusoe serrano nos va dejando relatos en su cueva. El nacimiento y muerte de un pavo real o gallinácea excéntrica, como las serpientes atraviesan un camino de montañas o el momento en que un perro,una mujer y un niño descubren el cosmos. Matías nos presenta situaciones que lo atraviesan en código simbólico y las acompaña con colores destellantes para que quede claro que ahí está poniendo su fe,intacta.
Mientras escribo desde lejos este texto, imagino las ceremonias posibles de encuentro de dos brujos y me anticipo al festejo. Los brujos a veces se encuentran en algún conciliábulo. Se reúnen y cada uno demuestra sus dones, a cuál más poderoso. En esta oportunidad Matías y Cristian, Cristian y Matías son de esos brujos que se animan a compartir pociones secretas incluso a intercambiar objetos de adoración. Al no existir un fin ejemplificador o profético,en este concilio lo que se propone se expande transformándose en múltiples capas de lectura.Así lo que podría ser dual deviene colectivo.
Sofia Torres Kosiba
Lima, Octubre 2019

"Brotes"








