Gabriela Rivero Capell

Nació el 20 de mayo de 1971 en Casilda , Provincia de Santa Fe.
Artista Plástica Visual / Maestra en Artes Plásticas egresada de la Escuela Emilio Caraffa de la ciudad de Cosquín.
Entre 1989 y 1991 trabajó e investigó el dibujo de la figura humana con Miguel Ocampo en su taller de La Cumbre
Estudió dibujo con Carlos Dominguez / profundizó el estudio de la figura humana con Susana Romera / Estudió pintura al óleo con Cecilia Bisignano.
Desde el año 2002 ejerce la docencia en Arte con niños y adultos en diversos talleres privados .En la actualidad trabaja en su taller Espacio de Arte Rivero Capell.
Desde 1991 participa con su producción de exposiciones y obra a pedido de personas e instituciones.
Vive y trabaja en la ciudad serrana de La Falda.


REDUNDANDAS (sanaciones y clanes) x alejandro bovo theiler

En Redundandas dos clanes se reconocen y vuelven a darse las manos.
Doña Rosa, la abuela de Gabriela Rivero Capel , les vendió su casa a mis padres . Allí viví con ellos y mis tres hermanos desde 1974 hasta 1987. Esa fue la casa de mi infancia y también de la primera infancia de esa niñita cuando visitaba a su abuela en Monte Buey.
Pichón, hijo de Doña Rosa y tío de Gabriela , fué mi maestro de música en la Banda Municipal en esa época. Mi casa/taller en La Falda , nos la vendió él en 1991. Allí en “La Dicha” , como la renombré , he vivido los últimos 21 años de mi vida y producido casi toda mi obra.
Juntos con Gabriela pudimos jugar y constelar con estas coordenadas que vinculan a ambas familias desde antes de conocernos ya que hoy somos vecinos , amigos y colegas . Por eso digo que dos clanes se dan las manos al generar nuevas encrucijadas de crecimiento y realización. En esta ocasión es a través de nuestro obrar como artistas y transitando los propios aprendizajes.
La casa de mi infancia guarda todas las memorias y no solo es su cuerpo de paredes , en los ecos del aljibe y en su prodigioso patio de frutales , juegos y correteos . Las guarda sobretodo en la piel de quienes la habitaron , pieles que mil veces renacidas conservan los mapas de las rutinas cotidianas con las voces y sus rostros … los amados , los próximos , los ignorados , los ausentes , todos los rostros.
La vida entera es página abierta donde resignificar, capa sobre capa, el hogar/territorio donde nos han criado y hemos crecido. Pero aquí es necesario contar que esa casa de mi infancia tuvo también una casi piel regalada por el azar.
Mis padres regresaron de una fiesta con varios y pesados rollos de papel estampado con flores rosadas que ganaron en un sorteo . Eran papeles para cubrir y decorar paredes que quedaron guardados con otros documentos y papeles como un tesoro incomprensible. Nunca se usaron. Navegaron hasta el presente con ese gesto atávico y redundante de tantas acumulaciones que son vestigio de migrantes , heredades de las generaciones y sus postas trasatlánticas.


Aún hoy administro esa empresa de recolecciones y previsiones excesivas y me pregunto: ¿qué hacer para que esos relicarios de miedos y fantasmas decanten en otro orden? ¿podré alentar la alquimia de esa dupla omnipresente de ausencias y fragmentos en una construcción que alivie olvidos y donde puedan morar todos los miembros de nuestras familias?
Las respuestas las dan esas flores porque ellas han nombrado el devenir , lo han nombrado con esa naturalidad oscura de lo que está guardado o fuera de uso. Anunciaron un tiempo dilatado para luego poder manifestarse sutiles como el dolor apenas iluminado en la visión de un niño.
Yo intuía cuando pequeño que otros jardines estaban más allá de los juegos y las tormentas de la infancia ; percibía que la vida era una ronda más grande que un edificio , con horizontes más amplios que los límites de mi pueblo de llanura adonde aún está de pie esa casa a veces dichosa y otras desdichada.
Ahora sé que todas las flores son dueñas de la perfecta violencia que les permite abrirse a lo alto sin dudas e impertinentes así como se abren las palabras que impregnan mis recuerdos y los pliegues del río del alma . Aún cuando ese río se rompió en el hombre como un mar confuso, pudo mi niño memorioso rescatar las palabras junto a su propia imagen desanudando olvidos y atajos.
Así nace Redundandas cuando esas pieles de papel que la casa de Doña Rosa no quiso vestir devienen pequeños territorios estampados donde trazar evocaciones , donde unas voces consteladas son cosidas y bordadas.
Hoy siento estas flores redivivas en otros jardines , son las múltiples filiaciones del presente.


Alejandro Bovo Theiler
Mayo de 2017
La Falda